sábado, 22 de marzo de 2014

Caballo loco

Ayer tenía la tarde libre y decidí ver algo de cine, fui curioseando por un blog que suele disponer de películas bastante interesantes, es decir cualquier cosa menos comerciales, y al final elegí una cuya trama me parecía cuando menos intrigante: “El caballo de Turín”, film hungaro en blanco y negro del 2011.

Casi 150 minutos que se hicieron eternos, me explicaré: en principio parecía todo un homenaje al cine aquel de Ingmar Bergman con “El séptimo sello”, de corte apocalíptico y existencialista, pero según van pasando los minutos uno se percata inmediatamente, que se trata sin lugar a dudas de un acercamiento al cine clásico japonés, donde se desarrollan largas escenas realmente innecesarias que dan lugar a una vacuidad y monotonía absolutas, que dejan al espectador sumido en un sopor inSOPORtable, y valga la redundancia !!!... Para colmo la poca música que aparece en toda la película es la misma melodía instrumental, monótona e insistente, que repiquetea en las escenas como queriendo acentuar más si cabe esa sensación de agobio y pesadez. O también esos casi dos únicos personajes: padre e hija, y los pocos y breves diálogos; con la excepción de la aparición de un vecino alcohólico, que suelta un monólogo aparentemente nietzscheano, que se convierte en un galimatías abstracto y fuera de lugar, o también la aparición de un carro de gitanos que regalan un extraño libro a la hija a cambio de haber bebido agua de un pozo exterior.

Desde la Wikipedia:

La película se inspira en un episodio de la vida de Friedrich Nietzsche, a la salida de su habitación en Turín, el 3 de enero de 1889, el filósofo alemán ve a un cochero golpeando con el látigo a su obstinado caballo que se rehusa a moverse. Nietzsche queda impresionado por la violencia del hombre y de su voluntad de dominar el mundo. Se precipita para contener al cochero, y sollozando abraza al caballo. El inicio de la película se enlaza al momento posterior de esta anécdota preguntándose cual podría haber sido el destino del animal.

Curiosamente en la película no aparece ningún caballo, en realidad es una yegua que Béla Tarr (el director) encontró en una subasta de animales y que de no haberla adquirido la hubieran sacrificado, actualmente y como el director declaró, está pastando en prados y está embarazada. En definitiva el autor quiere trasladar la antítesis de la creación, es decir, si de las tinieblas se creó el mundo. Nos muestra que después de la creación solo queda la nada.

La película se divide en seis partes que se corresponden a igual número de días consecutivos en la vida de los protagonistas, (según declaró su director la ausencia de un séptimo día se debe a que dios descansó después de los seis días que dedicó a la creación del mundo), durante los cuales se repiten más o menos las mismas acciones de su vida cotidiana: la mujer va a buscar agua al pozo, viste a su padre, cocina las patatas que son comidas con las manos. Los dos protagonistas están casi constantemente en silencio. Las palabras cobran importancia cuando intervienen agentes externos: el inquietante discurso del visitante, los gritos de los gitanos, la lectura que hace la hija del libro obsequiado por ellos. Una voz, fuera de escena se inserta esporádicamente para comentar los hechos. Las seis jornadas son precedidas al principio por una introducción sobre la pantalla negra, y simultáneamente la misma voz, fuera de escena, relata el episodio de Nietzsche y el caballo, seguida de una dramática secuencia que muestra al hombre retornando a su casa sobre un carro arrastrado por el animal.

Hay una insistencia patológica en reproducir constantemente las mismas acciones en espera de que algo nuevo suceda. Es una tendencia típica del ser humano. Lo que he hecho en mi película es reproducir la vida”. Béla Tarr
Según el Director el tema central de la película es "la pesadez de la existencia humana". No se concentra sobre la mortalidad sino que sobre la vida cotidiana: "Queríamos ver lo difícil y terrible que es cuando cada día tienes que ir a buscar el agua al pozo, en verano, en invierno...siempre. La repetición diaria de las mismas acciones nos da la posibilidad de demostrar que hay algo equivocado en su mundo. Es muy simple y puro". Tarr describe también "El caballo de Torino" como el último paso de un desarrollo que ha atravesado su carrera: "En mis primeras películas partía de mi sensibilidad social y quería cambiar el mundo. Después he debido comprender que los problemas son más complejos. Ahora solo puedo decir que es muy pesado y que no se qué sucederá, pero veo algo muy próximo. El fin. Antes de rodar lo sabía, sería mi última película.

Según Tarr, el libro que la mujer recibe de los gitanos es una “anti-biblia”. El texto es del guionista de la película, László Krasznahorkai, y contiene referencias a Nietzsche. Tarr describe al visitante en el film como "una especie de sombra Nietzscheriana”, pero hace notar como este difiere de Nietzsche puesto que no afirma que Dios ha muerto, sino que maldice tanto a los hombres como a Dios: "el punto es que la humanidad, todos nosotros, incluyéndome, somos responsables por la destrucción del mundo. Pero también hay una fuerza sobre humana que actúa - el viento que sopla durante toda la película - y esta también está destruyendo el mundo. Por lo tanto, tanto la humanidad como también una fuerza superior están destruyendo el mundo”...


XIM

domingo, 9 de marzo de 2014

Es Jonquet


 

Ayer sábado día soleado, el clima invitaba a caminar cámara en mano, y ahí me planté en actitud quijotesca frente a los imbatibles gigantes de cuerpo rocoso y largos brazos de madera...

Cinco molinos

Si algo caracteriza a Es Jonquet son sus molinos. Formaban parte del llamado Molinar de Ponent. Entre Santa Catalina y Es Jonquet se contaban 25 “molins fariners”. Los “jonqueters” conservan actualmente cinco en pie, de los siete que hubo hasta principios del siglo XX. El oficio de molinero no tenía buena fama. Era una vida dura y de poco beneficio. De allí quizás el estigma social de que siempre “sisaban” a la hora de “fer ses comptes”. Se situaban en zonas altas, para aprovechar los vientos dominantes. La mayor parte de las villas y pueblos mallorquines aparecen con sus filas de molinos en las fotos de principios de siglo XX. El esquema era bien sencillo. Una casa cuadrada con terraza, sobre la que se levantaba la torre cilíndrica del “molí”. Abajo estaban la vivienda del molinero, el almacén y el establo para el consabido borrico a cuyos lomos iba después la harina para ser repartida.

En estos momentos se conservan, empezando por el lado de los “rentadors”:

    * el Molí d’en Gelós, donde han funcionado varias discotecas como Abraxas, Jack el Negro o Babel’s y hoy en día muy deteriorado;
    * el Molí de sa Garriguera, que también sirvió de sala de fiestas;
    * el molí d’en Carreres.
    * la base sin torre del Molí d’en Toni Trossos, local de la asociación de vecinos;
    * el Molí del Nom de Déu, que es un centro cultural;
    * y el Molí d’en Garleta, que es un interesante museo de los molinos.

No hay que olvidar una interesante torre de un “molí d’aigo” que todavía se levanta en uno de los solares donde se pretende edificar.